
Una tradición a punto de cumplir medio siglo y que este año quiere batir un record Guinness, tocar el mismo tambor durante 104 horas seguidas
El año pasado fue el único pueblo de Europa que no cambió la hora para ajustarla al horario de verano por no interrumpir la tamborrada
La Semana Santa es una de las fiestas más profundas y arraigadas que se celebran en España. Esta conmemoración cuenta con siglos de historia y tradición, y en ella se recuerda la pasión y muerte de Jesucristo. Las calles de la mayoría de ciudades y pueblos de España se convierten en escenarios de fervor y devoción religiosa, en los que se entremezclan el duelo y el recogimiento al recordar la muerte de Cristo, con la música, el arte, el colorido y la magia de las procesiones, la artesanía de los mantos, mantillas y túnicas, el colorido de los hábitos de los cofrades, la presencia de soldados romanos o miembros del ejército y los desfiles solemnes en los que numerosas personas acompañan a las imágenes religiosas.
Pero lo que hace única a la Semana Santa de Tobarra, localidad de Albacete que se encuentra en la Comunidad de Castilla-La Mancha, en España, es el constante sonido del tambor, que irrumpe a las cuatro de la tarde del Miércoles Santo, y no cesa de sonar hasta las doce de la noche del Domingo de Resurrección. No se trata de unos cuantos tambores que acompañan los tronos y marcan el ritmo de la procesión. Es más bien una concentración de miles de tambores artesanales, de distintos estilos y formas, que durante estos días no pararán de sonar en toda la localidad. La tradición, que en 2026 cumplirá medio siglo, es tan rigurosa que el pasado año Tobarra fue el único municipio de Europa que no cambió la hora adelantando los relojes al horario de verano por no dejar de tocar el tambor durante esa hora que se “pierde” al cambiar el horario. Este año, además, 400 tamborileros se irán turnando para tratar de batir un record Guinness, tocar el mismo tambor durante 104 horas seguidas.
Aunque la Semana Santa de Tobarra tiene otros méritos, como esa Virgen de los Dolores de Francisco Salzillo, uno de los mejores imagineros del barroco español, que desde hace más de un cuarto de siglo preside la Cofradía Santísima Virgen de los Dolores y Soledad de María, que desfila el Jueves y Viernes Santos y el Domingo de Resurrección, sin duda fue su tamborrada lo que permitió la obtención en el año 2018 de la distinción de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, un reconocimiento que se suma a la declaración de Bien de Interés Cultural por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en 2016. También es Fiesta de Interés Turístico Nacional y aspira a ser Internacional. Es un ritual colectivo basado en el toque simultáneo, intenso y continuado al aire libre de miles de tambores y bombos. Se ha convertido en una práctica social, transmitida de generación en generación, capaz de generar un singular paisaje sonoro que acompaña, de Ramos a Resurrección, las ocho procesiones en las que participan las quince hermandades existentes, con gran riqueza en imaginería y tronos.
El tambor, protagonista de la Semana Santa de Torralba, ha evolucionado desde hace cientos de años. De la madera y la cuerda, al aluminio y repujado actual, pasando por la chapa y el metal, cajas caladas, tornos esculpidos, finos parches de piel de cabrito, sonoros bordones, aros de filigrana… algunos bañados en oro y plata. Además, se han desarrollado numerosos toques y marchas. La creación musical no cesa y se incorpora al rico repertorio de la tradición tobarreña.
Una historia milenaria
Los instrumentos de percusión son los más antiguos de la historia. Suelen dar una sola nota, pero, eso sí, ruidosa en extremo, más aún si son varios los ejecutantes, entonces se le llama tamborrada. Se han encontrado evidencias de tambores en diferentes civilizaciones antiguas como Mesopotamia, Egipto, China y África. En la antigua Grecia, el tambor era conocido como tympanon y se utilizaba en ceremonias religiosas y festivales. En la antigua Roma, el tambor era llamado tympanum y se utilizaba en batallas y eventos teatrales. En España lo introdujeron los árabes en la Edad Media, y se convirtió en un elemento clave en la música militar. Se utilizaba para comunicar órdenes durante las batallas y para marcar el ritmo de los desfiles y marchas militares. Durante el Renacimiento, se utilizó en conjunto con otros instrumentos de percusión en la música de cámara y en las orquestas.
En los siglos XIX y XX, con la aparición de la música popular, el tambor se convirtió en un instrumento esencial en géneros como el jazz, el rock y el funk. Su sonido distintivo y su capacidad para marcar el ritmo se convirtieron en elementos clave en estos estilos musicales. Su sonido rítmico y poderoso ha sido utilizado para comunicarse, celebrar rituales, acompañar danzas y marcar el paso del tiempo. A lo largo de la historia, el tambor ha evolucionado y se ha adaptado a diferentes culturas, adquiriendo formas y sonidos únicos en cada región del mundo.
Momentos únicos
Entre tamborrada y tamborrada hay varios momentos especiales como el del Miércoles Santo, cuando los soldados romanos prenden a Cristo, o el Viernes Santo, cuando se vive el acto más sublime de la celebración de Tobarra, con la bendición que imparte en silencio el Cristo articulado en el Calvario a más de 30.000 personas y ante la imagen de la Dolorosa. El momento es sobrecogedor, como si la talla hubiese cobrado vida, tras el toque de cornetín que enmudece los tambores, su brazo bendice a los presentes, en los cuatro puntos cardinales. El brazo articulado se maneja con un mecanismo que hay debajo del trono, reservado para los miembros de una familia, “Los Sabina”, que generación tras generación heredan la responsabilidad de mover el brazo que da la Bendición. Después, de nuevo los tamborileros, que visten túnicas moradas, azules, rojas… ceñidas con cordón en la cintura y pañuelo blanco anudado al cuello, reinician su monótono ritmo, con matices que los expertos saben distinguir, que mantendrán durante más de cien horas, mientras suena el “Mektub”, una partitura musical fúnebre e intensa, que emociona a todos. Mientras los tronos del Cristo y la Dolorosa son transportados por los «agarráores»
Otro de esos momentos especiales es en la mañana del Domingo de Resurrección, cuando de nuevo callan los tambores para que se escuche el Himno Nacional y se produzca el Encuentro entre las imágenes de Jesús Resucitado y la Virgen de los Dolores también en el Monte Calvario, cuando los tronos se confrontan y se hacen tres reverencias hacia delante hasta que se juntan los palos delanteros de cada trono, tres más en unión, por último, tres hacia atrás para alejarse, tras las cuales se vuelven a juntar dando cara al público que se congrega en el Encuentro.
Pero antes de estos dos hay otro momento singular con la Bajada del Cristo de la Caída, más conocido como Paso Gordo por su enorme peso, durante el Jueves Santo, por las empinadísimas cuestas de la Encarnación, acto de fuerza, sacrificio y devoción para los costaleros ya que las andas pesan más de 2.000 kilos, que antes se repartían entre 16 agarráores y hoy a hombros de 30. Cada año más seguidores siguen a los costaleros infundiéndoles ánimo, sintiendo como cruje la madera y suenan las horquillas. Los abrazos de los esforzados hombres y mujeres que lo han transportado al llegar a la Plaza de España ponen fin al ritual de la Bajada del Paso Gordo. Para la hermandad está a punto de comenzar la Procesión de Jueves Santo y de nuevo vuelven los tambores a Tobarra.
Más información:
http://www.semanasantadetobarra.com
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Author: viajes24horas
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Fuente: republicadominicana24horas.net